Publicado en la revista-libro ateneo de Cádiz del año 2005
Ramón LUQUE Sánchez
Imagino que fuimos muchos a los que el 11-M nos mordió el alma. Es incomprensible para cualquier persona de bien tanto dolor inútil y tanta sinrazón. Imagino también que fueron numerosísimas las personas, como yo, que encontraron una válvula de escape a tanta maldad en la escritura de unos versos, una carta o un desnudo pensamiento. Es así como surge esta VÍA DOLOROSA, que quedó finalista en el pasado Premio de Poesía convocado por nuestro querido Ateneo Gaditano. La primera parte: "Un ángel en Madrid" la escribí casi de corrido, las modificaciones posteriores obedecen más a una cuestión de estilo que de emoción y sentimiento. La segunda parte: "Llanto de papel" surgió unas semanas después. La idea me la dio la portada que dedicaba al tema EPS, llevaba la firma de Miguel Barceló.
VÍA DOLOROSA
I
(un ángel en Madrid)
Estoy perdido. Roto.
Un charco de terror frío es mi cuerpo.
Y lloro, incomprensión,
sin música que nimbe el pensamiento.
Están llorando todos
los yo que alguna vez he sido,
está llorando Dios en un rincón
negro del cielo
(el sol quiere ocultar esa oquedad
que oxida lo sagrado),
están llorando todos
los niños lapidados:
son terca sinfonía de inocencia
en cementerios…
También lloran las rejas
que impiden que del aire nazca un bosque.
Las lágrimas son frías,
tormenta de granizo
que resbala dolida
de esa nube de hierro
que hay sobre Madrid.
Es un once de marzo,
el mundo es una venda
que cierra a la esperanza toda puerta,
y un grito, como el humo,
llora una sinrazón que se le escapa.
Madrid es una estatua:
¡un ángel de amargura!
Es níveo su perfil, se transfigura
con mil ojos colgados de sus alas,
brillan vitrificados,
lágrimas casi heladas
han quedado temblando en sus pupilas
y el viento, rojo helado,
las cimbra fatigado por la pena.
II
(llanto de papel)
Su rostro es de papel,
pero respira,
está como soñando
eternidades,
y en su boca (el perfil
de un rojo corazón)
casi palpita
un rezo desgarrado, casi mudo.
Qué siente esa mujer,
icono abstracto
del aliento letal
de un árbol seco
que espera sin saber -como Machado-,
el milagro de ser
en primavera.
Han cosido sus párpados
con pespuntes de tinta
y han borrado los surcos
con que el tiempo se torna
en mansedumbre...
Sólo hablan sus lágrimas,
un río almidonado
y bandera de paz,
-descalza, casi muda-,
y un pétalo de fe
que rompe el alma.
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