Discurso leído en el Ayuntamiento de Mengíbar con motivo de la celebracíón del Día del Ausente. [Ramón LUQUE Sánchez]
DÍA DEL AUSENTE
Al mengibareño ausente
les dedico estás palabras,
ellos saben como yo
que pese a la gran distancia
que hay desde su casa aquí,
o al revés, de aquí a su casa,
una parte de nosotros
que está muy cerca del alma
siempre anda por Mengíbar
escarbando por la infancia.
Esto de ser pregonero
de la feria de Mengíbar
no es cosa sin importancia,
esto es canelita fina.
Porque existen pocas cosas
que por dentro den más chispa
que pregonar a ese pueblo
donde uno abrió la vista
por primera vez al mundo
y se enfrentó con la vida.
Qué emoción más grande siento,
de verdad, cuánta alegría.
Y es que los pueblos, sus calles
con sus rincones y esquinas
impregnan con sus silencios,
pláticas y algarabías
el corazón de las gentes
que de su aliento respiran.
Tanto, que son sin querer
una parte de otras vidas.
Todos ellos, hoy nosotros,
sin querer hemos entrado
dentro de otras existencias
y allí nos hemos quedado.
Son voces, rostros y gestos
que todos dentro llevamos,
unas veces causan risa
y otras provocan quebranto.
Están como que no están,
pero siempre acompañando,
unas veces con silencios
y otras casi, casi hablando.
Y es que algo de nosotros,
queramos o no queramos
-no importa la voluntad-
siempre queda naufragando
en la niñez más remota
que llega hasta los diez años.
En ella, amigos, vecinos,
maestros… cualquier paisano
pulula por la memoria
y regresa con descaro
para tratarnos de tú,
para de frente mirarnos
y sin ningún protocolo
recordarnos sin reparos
lo que somos de verdad
sin florituras ni halagos.
Si digo don Sacramentos,
a los que tienen mis años
se nos abre una rendija
por dentro… Es su entusiasmo,
su agudeza y desenfado
que se aposenta en la mente
junto a unos palmetazos
por no sabernos las tablas
o en el patio pelearnos.
También sucede lo mismo
si a don Francisco yo llamo,
detrás de un buen director
estaba un gran ser humano.
Sucede algo parecido
si a los vecinos proclamo:
Josefa la malagueña
a mi abuela le está hablando
a través de los tapiales
que relucen de tan blancos.
Cuánta bondad en sus voces,
sus dichos qué razonados,
libres de todo artificio
que ensombrece las vocablos.
Ambas son alma y coraje
ellas son el pueblo llano,
ellas son ese Mengíbar
de carácter esforzado
que convierte en pan las piedras
y ahuyenta al desamparo.
Si convoco a los amigos
ante mí van desfilando
desde niños balbucientes
hasta hombres ya granados.
La pandilla, sin permiso,
ante mí se ha presentado,
vamos a comer conejos
que Agustín ya está pelando
en ese trozo de cielo
donde Elvira está soñando.
Hoy yo quiero destacar
por justicia y con agrado
a ese conjunto de amigos
que al derrumbarse el tejado
de mi casa de Mengíbar
estuvieron a mi lado
arrimando fuerte el hombro
y sin paga trabajando.
Si a la familia convoco
también sucede otro tanto:
rostros con nombre e historia
que siempre están a mi lado.
Se aproxima a mí mi primo:
es Juan Manuel Sánchez Martos,
en él yo he descubierto
más que a un primo a otro hermano.
También mis tíos y primas
hasta el pueblo han llegado:
Paquita y Yolanda en tren
Y María Luisa volando
También se acerca mi Luisa,
sus hijos y mi cuñado.
Vamos a comer las migas
que mi Ernesti ha preparado
con ese buen pan del pueblo
que mis hijas han picado.
Pero volviendo al presente,
a este emotivo acto,
hoy sólo quiero decir
con respeto y con encanto,
y los que vienen de fuera
sabrán de lo que les hablo,
que aunque la vida y sus trucos
de este pueblo nos sacaron,
una parte de nosotros
nunca jamás se ha marchado,
es esa que nos reclama
en Navidad y en verano
y nos empuja a venir
para que se obre el milagro
de ver al niño que fuimos
en las nieblas del pasado.
Lo que digo es la verdad
y a viva voz lo proclamo:
nunca río como aquí,
ni como aquí me relajo,
los afectos que aquí tengo
nunca se van de mi lado.
Desde mi infancia en Mengíbar
ayer y hoy he hablado,
la inocencia más remota
a mi ser ha regresado
revestida de nostalgia
para estar con mis paisanos.
Son vivencias compartidas
en el curso de los años
con vosotros y vosotras,
con muchos me he reencontrado,
aunque los nombres de pila
casi siempre he olvidado.
Tags: Feria, Mengíbar 2009, Día del ausente