S?bado, 27 de junio de 2009
Publicado por PoetaRamon @ 16:43  | Articulos Literarios
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LA POESÍA DE ANTONIO MANJÓN-CABEZA:

RÍO QUE DESEMBOCA EN AFLUENTES

 

La vida nos sorprende. La poesía siempre lo hace. Fue casualidad el encontrarme  con la obra de Antonio Manjón-Cabeza. Una de sus hijas, Luisa, es compañera de trabajo. Un día, no se sabe bien cómo empiezan estas cosas, surgió el tema de la poesía, de mi querencia por escribirla y leerla, de la afición compartida con su padre. Me dejó la primera parte de su antología RÍO QUE DESEMBOCA EN AFLUENTES. Nuevamente la sorpresa, y el descubrimiento de una voz tratando de descubrir el mundo indagando en el suyo propio. Esta es la característica más acentuada de sus poemas.

 

          Ya en la primera lectura me llamó la atención el juego de palabras, la capacidad de provocar preguntas, la ironía que se esconde en muchos versos. Posteriormente leí otros libros: LA LÍRICA LA VIDA y JARDÍN DE PAVANERAS Y OTROS TIERNOS galardonado con el premio Villa de Peligros en 1997. En todos las mismas sensaciones

 

          Pertenece Antonio Manjón-Cabeza a ese grupo de poetas que empieza a escribir durante su juventud pero que sin embargo publica a una edad muy avanzada, cuando están sólidamente formados como personas. Estos poemas de juventud, corregidos a lo largo de su existencia y recopilados en la antología mencionada, ya presagian inconformismo y un preguntarle a la vida por la esencia de su substancia. Son romances, estrofa muy española y por la que muchos nos adentramos en la poesía. En “Anécdota de la bandera tricolor”, tras la ley del silencio que imperaba hace años nos muestra un inconformismo vital. Los silencios forzados siempre esconden preguntas en los que yacen implícitas unas perturbadoras respuestas. En todo momento el poeta se muestra un gran dominador de las formas clásicas, así se ve en la sextina titulada “Divinos momentos” versos rompedores en los que compara el sentimiento pasional y exaltado de la semana santa con la pasión amorosa: “Cuando eras mi saeta y yo tu espada,/ y jueves santo, sí, pero sin cruces,/ y viernes sí, pero de amores.” Pero Manjón-Cabeza es, sobre todo, un gran sonetista, en ellos escribirá gran parte de su obra. Si el soneto queda ya definido en el poema de Lope de Vega “Un soneto me manda hacer Violante”, con él adquiere una dimensión nueva, agrupa los dos cuartetos como formando una sola estrofa e igual hace con los terceros, de tal manera que a simple vista parece que nos encontramos ante un poema distinto. Es la lectura del mismo la que nos adentra por una métrica y rima tan conocidas. Pero la forma es lo de menos, una excusa para una andadura repleta de asociaciones aparentemente imposibles y de descubrimientos deslumbrantes.

 

          La característica más visible de la poesía de Manjón-Cabeza, lo dice su hija Dolores, que prologa la antología a la que me he referido antes, es la transgresión lingüística. Una transgresión que queda envuelta en una acusada subjetividad, ambos elementos unidos provocan que la lectura de sus versos depare un sinfín de interrogantes. Es el agitación ante el encontronazo con lo inesperado, la peculiaridad de una voz que se adentra en el universo buscando una expresividad cercana en algunos casos al surrealismo, de cuya estética se muestra deudor. Para ello busca asociaciones de sustantivos, adjetivos y verbos aparentemente imposibles, a las que en muchos casos suprime los nexos de unión, se acerca así a un conceptismo poético al tiempo que crea imágenes impactantes y versos que chocan con la concepción academicista de la poesía y de la construcción gramatical.

 

          Recuerda a Góngora, pero más por la consecución de un lenguaje brillante que conlleva un desorden en el significado que por el uso una hipérbaton en donde a veces naufraga el entendimiento. Se crean combinaciones de una radical belleza como las expuestas a continuación. Así, en la poesía “Libro de poemas”: Con esta fuerza o hierro pero nada, / con este puño o golpe pero brida / duermo en palacio, hablo mermelada, / ceno felices, desayuno herida”. Como se ve hay mucho de impresionismo, pues con esta economía de lenguaje trata de expresar momentos y emociones en los que sobran cualquier tipo de adjetivación superflua a la que sienten tanto apego demasiados poetas.

 

          Rasgo propio de su obra es la constante evolución. A lo largo de sus libros pasa de unos versos en los que abunda el lenguaje brillante y desenfadado a otros en los que abunda la inquietud,  como el libro LA LÍRICA LA VIDA, donde profundiza en el concepto de hombre al tiempo que se adentra por los más profundos pliegues de su alma. “Encontré a mi joven madre, que murió de mí, en las puertas del cielo” (el título encierra toda una autobiografía), o “El muchacho de la antesala encuentra algunos nietos”, en donde mezcla pasado y futuro a través de un envolvente e ingenioso juego de palabras que sólo es posible cuando se le da forma a los sueños: “Siempre creí –les dije- en habitantes / de la antesala en flor, tristes volvientes, / almas que fueron tiempo de festejos. / Besé las bocas que serán amantes, / besé mejillas que serán calientes, / nietos bisnietos de adelante lejos”. A través de rompedoras contradicciones crea intensas imágenes: “Luna provocativa y soleada…” del poema: “Mientras me sigas, muchacha del chaquetón pajizo.”

 

          En JARDÍN DE PAVANERAS Y OTROS TIERNOS se centra en la naturaleza. Granada y las estaciones del año se descomponen como si fuesen los diferentes ángulos que definen un rostro cubista. Nos ofrece un jardín multicolor. Nuevamente se aleja de tópicos para crear un vivo lenguaje que se arracima en sugestivas metáforas. Nos ofrece una ciudad alejada del tópico turístico del duende y del misterio y que sin embargo sigue siendo mágica gracias a versos como estos: “Distante / pero en Granada / el cielo azul se pincha / con un pico de nieve / y de su dedo sale / una gota de nube / que debe ser / su sangre.”

 

          Una notable evolución se advierte en RiSueÑa enferMedad Son LaS AuRoRaS (el título está extraído de un verso de Quevedo), un poemario de madurez, en donde canta la alegría de vivir sin dejar de mirar a la muerte a los ojos. Abandona rimas y estrofas y desde el verso blanco nos propone disfrutar de la vida y los gozos que nos ofrece. Se observan aquí nuevos registros que afrontan el erotismo en una poesía atrevida  y lúcida desde la que se aleja de algunos de los recursos utilizados en otros libros al tiempo que utiliza una frase más estructurada. Es una estética cercana a algunos postulados del postismo, por el regocijo que encierra y por lo desinhibido de la expresión. Una encendida rebeldía se observa en“Alegremente hambriento”: (En el banco de enfrente unos jóvenes luchan / bragueta contra braga).”, o “La hermosísima”:Enrojece el jardín. Los viejos / masturban los bastones; los muchachos / se suben a las novias, acelerados simios”. Todo el poemario es una in- vitación a caminar sin prejuicios ni miedos. Pero debajo de esta liberalidad de ánimo pervive una voz lírica, intemporal,  en la que clama desde el niño desorientado por la muerte de su madre hasta el viejo que espera pronto reencontrarse con ella. Lo proclama en “Soy yo, soy yo”: “Alegrísimo viejo o flauta o niño o flecha, / ah de la casa, grita, todo el jardín lo acepta / como rosa creciente, como río que riega, / como noche que alumbra, como agua que anega.”

 

                      Ya dije al principio que la poesía de Antonio Manjón-Cabeza es una sorpresa. También un descubrimiento.  Forma y fondo confluyen con gran maestría a través de la palabra en ese río vital que es la vida de un hombre, que en este caso se hace visible en cada uno de los afluentes que componen sus poemas.

Ramón LUQUE Sánchez

 

 


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