S?bado, 15 de agosto de 2009
Publicado por PoetaRamon @ 19:49  | Articulos Literarios
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JÓVENES LECTORES por Ramón LUQUE Sánchez

 

 Siempre me ha sorprendido y gratificado la imagen del lector adolescente, ese chico o chica que inopinadamente me encuentro en un autobús o en el banco de un parque con un libro entre las manos y entregado al oficio de imaginar y crear. Probablemente sea porque me recuerda al joven lector que fui, esa persona capaz de desaparecer de un  espacio real para introducirme en aquel otro que me proporcionaban las páginas del libro que estaba leyendo y que yo ayudaba a  darle vida con mi voluntad e imaginación. Esa facultad para perderse va desapareciendo con los años, a determinadas edades cuesta más evadirse del entorno para introducirse en el que ofrecen los libros. Un rato de lectura a mi edad (ya he volteado los cuarenta y cinco) significa tiempo libre y tranquilidad, pero entre mis muy pocos y mis veintitantos años no. Leer comportaba alejarme de todo, levantar letra a letra el edificio en el que se sustenta la obra literaria. Se trata de insuflar aliento a la palabra para que ésta a su vez nos haga vibrar a través de la emoción, en definitiva de la vida, el gran regalo que siempre nos proporcionan los libros. Ni que decir tiene que estas ausencias irritaban a mi madre, que se maravillaba de mi capacidad de abstracción para aquello que a mí me daba la gana, no para lo que era de interés para ella: el estudio o las tareas domésticas. Es probable que alguien critique esta forma de leer por irreflexiva y superficial. Pienso que es una opinión totalmente errónea, nos lo demuestran la forma en que estos jóvenes lectores comentan los libros leídos, no sólo cuentan la historia con todo lujo de detalles, sino que describen a los personajes y, sobre todo, transmiten en su narración todo ese mundo de sensaciones que experimentaron, toda esa vida que está dormida entre las páginas del libro (como la música en el arpa de Bécquer), y que ellos, al igual que la mano de nieve de la arpista, supieron despertar con su entrega y pasión. Se les podrá acusar de que, efectivamente, no sepan hacer un estudio crítico sobre lo leído, pero es que eso no es lo que ellos perseguían ni el objeto mismo de la literatura, la literatura tienen como fin entretener y emocionar y eso sí lo consiguieron. Lo demás es cosa de profesores y críticos literarios.

 

     Es posible que el poder de atracción de la lectura entre lo más jóvenes resida en el afán de notoriedad que ellos tienen, en el deseo de no ser meros figurantes, sino los héroes y protagonistas de su existencia, de abrir senderos nuevos que se alejen de aquellos ya trillados que por comodidad o miedo tendemos a ofrecerles los adultos. Y relaciono lectura y protagonismo intencionadamente, porque considero que la lectura siempre lo regala. El conocimiento a través de la lectura se construye con la voluntad y la inteligencia, también con la entrega y vigilia. Leer no tiene nada que ver con ponerse delante de la pantalla de un cine o de un televisor, en ambos casos el conocimiento te viene dado, tú eres sólo un receptor de imágenes, que se dejará llevar más o menos por el contenido de las mismas, por la destreza del director y de sus famosos actores y actrices. Esto no significa la más mínima actitud peyorativa. Tanto el cine como la televisión bien hecha son un arte, aunque de naturaleza distinta a la lectura.

 

     El hecho de leer es más completo porque exige la participación activa del lector, que es quién construye la historia, el que imagina a través de las palabras todo aquello que nos quiso decir el autor y que sólo esbozó o dejo a la libre espontaneidad y creatividad de aquel. Él no sólo es el receptor de imágenes, también es el actor y el director, él es quien tiene que dar forma y sentido a lo que dice la palabra escrita. Sin el concurso de estos elementos no es posible una buena lectura.

 

      Y sin embargo, pese a los “tesoros” que encierran los libros, parece que los jóvenes no leen, que no quieren ese protagonismo, esa libertad que sueñan y persiguen. En los medios de comunicación ocupan páginas y pantallas noticias sobre la famosas “movidas”, en las que, terrible afirmación, corre el alcohol en vez del río del sentido común y de la sana alegría. No cuentan que en muchos casos el uso y abuso del alcohol es menor de lo que se dice y, por el contrario,  sí abundan los ratos de ocio y animada conversación, tan necesarios para la formación y desarrollo del ser humano. En cualquier caso, considero que es un tópico más de los muchos, y muy interesados,  que rodean a los jóvenes. Se olvida el hecho de que leer es una acto íntimo que normalmente se realiza en soledad, que no hace ruido. Después de oír o leer machaconamente una noticia de este tipo parece  que los fines de semana “todos” (en realidad son unos pocos escandalosos) los jóvenes vuelven a sus casas más que perdidos, que al beber buscan sus señas de identidad, esa forma de enfrentarse al mundo que probablemente obtendrían si se atreviesen a abrir un libro y a soñar, cualquier sueño, no hay que olvidar que hay libros para todos los gustos: de amor, de aventuras, de terror, de ciencia-ficción, todo dependerá de los gustos de cada uno y de los intereses de ese momento. Hay muchos que sí lo han descubierto, el problema puede radicar en que de eso no se habla, y parece que de lo que no se habla no existe.

 


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