Lunes, 21 de diciembre de 2009
Publicado por PoetaRamon @ 14:11  | Poes?a
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 Discurso leído en el Ayuntamiento de Mengíbar con motivo de la celebracíón del Día del Ausente. [Ramón LUQUE Sánchez]


DÍA DEL AUSE
NTE

Al mengibareño ausente

les dedico estás palabras,

ellos saben como yo

que pese a la gran distancia

que hay desde su casa aquí,

o al revés, de aquí a su casa,

una parte de nosotros

que está muy cerca del alma

siempre anda por Mengíbar

escarbando por la infancia.

 

Esto de ser pregonero

de la feria de Mengíbar

no es cosa sin importancia,

esto es canelita fina.

Porque existen pocas cosas

que por dentro den más chispa

que pregonar a ese pueblo

donde uno abrió la vista

por primera vez al mundo

y se enfrentó con la vida.

Qué emoción más grande siento,

de verdad, cuánta alegría.

Y es que los pueblos, sus calles

con sus rincones y esquinas

impregnan con sus silencios,

pláticas y algarabías

el corazón de las gentes

que de su aliento respiran.

Tanto, que son sin querer

 una parte de otras vidas.

 

Todos ellos, hoy nosotros,

sin querer hemos entrado

dentro de otras existencias

y allí nos hemos quedado.

Son voces, rostros y gestos

que todos dentro llevamos,

unas veces causan risa

y otras provocan quebranto.

Están como que no están,

pero siempre acompañando,

unas veces con silencios

y otras casi, casi hablando.

Y es que algo de nosotros,

queramos o no queramos

-no importa la voluntad-

siempre queda naufragando

en la niñez más remota

que llega hasta los diez años.

En ella, amigos, vecinos,

maestros… cualquier paisano

pulula por la memoria

y regresa con descaro

para tratarnos de tú,

para de frente mirarnos

y sin ningún protocolo

recordarnos sin reparos

lo que somos de verdad

sin florituras ni halagos.

Si digo don Sacramentos,

a los que tienen mis años

se nos abre una rendija

por dentro… Es su entusiasmo,

su agudeza y desenfado

que se aposenta en la mente

junto a unos palmetazos

por no sabernos las tablas

o en el patio pelearnos.

También sucede lo mismo

si a don Francisco yo llamo,

detrás de un buen director

estaba un gran ser humano.

Sucede algo parecido

si a los vecinos proclamo:

Josefa la malagueña

a mi abuela le está hablando

a través de los tapiales

que relucen de tan blancos.

Cuánta bondad en sus voces,

sus dichos qué razonados,

libres de todo artificio

que ensombrece las vocablos.

Ambas son alma y coraje

ellas son el pueblo llano,

ellas son ese Mengíbar

de carácter esforzado

que convierte en pan las piedras

y ahuyenta al desamparo.

Si convoco a los amigos

ante mí van desfilando

desde niños balbucientes

hasta hombres ya granados.

La pandilla, sin permiso,

ante mí se ha presentado,

vamos a comer conejos

que Agustín ya está pelando

en ese trozo de cielo

donde Elvira está soñando.

Hoy yo quiero destacar

por justicia y con agrado

a ese conjunto de amigos

que al derrumbarse el tejado

de mi casa de Mengíbar

estuvieron a mi lado

arrimando fuerte el hombro

y sin paga trabajando.

Si a la familia convoco

también sucede otro tanto:

rostros con nombre e historia

que siempre están a mi lado.

Se aproxima a mí mi primo:

es Juan Manuel Sánchez Martos,

en él yo he descubierto

más que a un primo a otro hermano.

También mis tíos y primas

hasta el pueblo han llegado:

Paquita y Yolanda en tren

Y María Luisa volando

También se acerca mi Luisa,

sus hijos y mi cuñado.

Vamos a comer las migas

que mi Ernesti ha preparado

con ese buen pan del pueblo

que mis hijas han picado.

 

Pero volviendo al presente,

a este emotivo acto,

hoy sólo quiero decir

con respeto y con encanto,

y los que vienen de fuera

sabrán de lo que les hablo,

que aunque la vida y sus trucos

de este pueblo nos sacaron,

una parte de nosotros

nunca jamás se ha marchado,

es esa que nos reclama

en Navidad y en verano

y nos empuja a venir

para que se obre el milagro

de ver al niño que fuimos

en las nieblas del pasado.

Lo que digo es la verdad

y a viva voz lo proclamo:

nunca río como aquí,

ni como aquí me relajo,

los afectos que aquí tengo

nunca se van de mi lado.

 

Desde mi infancia en Mengíbar

ayer y hoy he hablado,

la inocencia más remota

a mi ser ha regresado

revestida de nostalgia

para estar con mis paisanos.

Son vivencias compartidas

en el curso de los años

con vosotros y vosotras,

con muchos me he reencontrado,

aunque los nombres de pila

casi siempre he olvidado.

 

 

 


Tags: Feria, Mengíbar 2009, Día del ausente

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