Lunes, 05 de abril de 2010
Publicado por PoetaRamon @ 15:57  | Articulos Literarios
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SAN FERNANDO: CUALQUIER TIEMPO PASADO FUE MEJOR

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Cualquier tiempo pasado fue mejor. Eso al menos escribi? ese sabio poeta segure?o mientras reflexionaba sobre la vida, que es como un r?o que va a dar a la mar, y el destino de los hombres. Estaba herido por la muerte de su padre. Cualquier tiempo pasado fue mejor. Eso me parece a m? tambi?n. Y es que los distintos restos del pasado acaban siempre envueltos por una p?tina de misterio que los embellece en la indefinici?n de lo que pudo ser o de lo quisi?ramos que hubiese sido. El tiempo siempre tiene como aliados a la nostalgia, y al coraz?n. Quiere enga?ar, dar apariencia de m?gico a lo que fue l?gico, de excepcional a lo que fue normal. Instituciones y personajes que no fueron, o por lo menos no fueron como creemos, se mezclan en la imaginaci?n con otros que s? fueron, o por lo menos pretenden acercarse a la realidad, que es tanto como decir a la verdad. Les ayudan la velocidad de cambio con la que vivimos actualmente. Transcurridos unos meses cualquier acontecimiento queda disfrazado por un envoltorio de irrealidad que nos impide identificarlo o recordarlo tal y como fue. As?, un traje, a los pocos meses nos parece antiguo, cuando lo sacamos del a?oso ba?l que perteneci? a nuestra abuela lo atesoramos como si fuese un modelo de alta costura de Balenciaga; tambi?n ocurre con cualquier objeto con unos pocos a?os a cuestas, nos parece una pieza ?nica a la que sin ning?n pudor calificamos de antig?edad; y esas cartas de amor que conservamos de nuestros padres, un monumento literario digno de estudio y conservaci?n en un museo dedicado al amor. No es por el objeto en s?, es por los momentos vividos en esa ?poca a la que nos acompa?? como algo vivo. Y si no fue nuestro, por lo que pensamos que signific? para otros, para esos antiguos due?os que lo utilizaron o vistieron por primera vez. Todo consiste en su capacidad de evocar, ?de transportarnos a un largo viaje a trav?s del tiempo, y de las emociones que los recuerdos nos despierte, en nuestra propia capacidad de so?ar. Si es de la infancia mucho m?s. ?Qui?n pese a haber vivido una tragedia en su ni?ez no tiene maravillosos recuerdos de esos a?os? Qu? gran mentiroso ese invento de los hombres llamado tiempo.

???? Hago esta larga reflexi?n mientras contemplo ensimismado? las fotograf?as que ilustran este relato. Est?n llenas de una belleza casi ingenua. Son escenas cotidianas de s?lo unos decenios atr?s pero que hoy, por esa magia que proporciona el tiempo a sus reliquias, nos parecen sacadas de un pasado remot?simo que sin embargo sucedi? ayer. Todos los que nacimos en esa d?cada de los a?os cincuenta hemos visto o vivido algo parecido: el pastor que pasaba con su manada de cabras por medio de unas calles en las que los coches eran casi un objeto de contemplaci?n, los hortelanos que vend?an en sus casas las manzanas reci?n cogidas del ?rbol, los panaderos que llevaban en los serones de una humilde borriquilla un pan a?n calentito, y por la ma?ana temprano hemos escuchado desde la cama a unos ni?os que vociferaban la venta de una tortas de manteca cubiertas por una fina capa de az?car para que otros ni?os mucho m?s afortunados nos las pudi?semos comer.

???? Es muy probable que los personajes que salen en la fotograf?as no tuvieran conciencia de que el objetivo de una c?mara los estaba observando, pero aunque lo supiesen, aunque disimuladamente estuviesen posando, es seguro de que nunca llegaron a imaginar que esa estampa de la que formaban parte, tan cotidiana en su ?poca, se convertir?a en el transcurrir de unos pocos decenios en iconos de lo arcaico, en la representaci?n de un tiempo y unos quehaceres que a la velocidad con que todo cambia nos parecen de un mont?n de siglos atr?s. Rezuman belleza. Olvidamos que ambas escenas no son ?algo banal, esconden en su interior un tremendo esfuerzo f?sico. Representan trabajos de gran dureza: venden leche y pan por las calles. Detr?s de ellos hay madrugones, gritar con desafuero sus mercanc?as para que la mujer que estuviese en el punto m?s profundo de su casa pudiese o?rlos. Pero antes hab?an tenido que amasar el pan y cocerlo, u orde?ar y dar de comer a las vacas o cabras. Siempre vigilia contra el sue?o, voluntad contra la relajaci?n, renuncia frente a la diversi?n.

???? Y sin embargo, pese a imaginar la cadena de fatigas que hay detr?s de ambas escenas, las dos tienen la facultad de transmitirnos tranquilidad. Son los animales, unos humildes burros, la correa de transmisi?n. El panadero que transita cerca de la iglesia de San Francisco va a lomos del animal, pero su paso es lento por naturaleza, y la carga que lleva encima debe ralentizarlo a?n m?s. En el caso del lechero, el burro est? parado en una ventana. La figura que est? sentada, no sabemos si es el propio lechero (o lechera, que tambi?n las hab?a), o una vecina buscando un escal?n para descansar en la sombra que proyecta el quicio de la puerta. Parece ajena a todo lo que no sea su propio ensimismamiento. Ignora que acaba de trascender su tiempo y pasar a la posteridad.

???? El progreso transform? ese San Fernando antiguo. Los campos donde deb?an pastar las vacas desaparecieron. Y las huertas que en otro tiempo dieron frutas y verduras fueron engullidas por un desarrollismo que transform? los ?rboles en estructuras de hormig?n. Junto a ellos se instalaron grandes supermercados y centros de salud. Peque?as ciudades dentro de esta ciudad que es la Isla. Ellas hicieron que olvid?ramos ra?ces y querencias. La sombra que proyectan, como los inmortales personajes de la historia, no deben hacer que olvidemos a esa otra gente com?n y an?nima, como las que ilustran esta revista, pues fueron sus actitudes y sentires, su trabajo y decisi?n, los que construyeron el presente de libertad y prosperidad que es hoy nuestro sustento.

Ram?n LUQUE S?nchez


Tags: tiempo pasado, reflexión

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