S?bado, 03 de julio de 2010
Publicado por PoetaRamon @ 21:45  | Art?culos de Arte
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HABLAR CON UN CUADRO:

EL JURAMENTO DE LAS CORTES DE CÁDIZ EN 1810

                  de Casado del Alisal

Por Ramón Luque Sánchez

 

 

 

El libro históricosuele tener mucho de verdad, de clarividente revelación de las formas de vidadel pasado, también mucho de impostura. Lo vemos cuando consultamos obras dedistintos autores sobre un mismo tema. Demasiadas veces parece que estamosleyendo historias distintas, en ellas cualquier parecido es pura coincidencia. Nossorprenden los diferentes enfoques, el dar certificado de autenticidad a lo queson meras conjeturas que no tienen un material historiográfico en el queapoyarse, y, también, por la manera de obviar hechos capitales para centrarsemaquiavélicamente en otros que son a veces simples consecuencias de los primeros,esos que precisamente ignoraron. Demasiadas obras son deudoras de una ideologíaa la que están sometidas. Los nacionalismos extremos -con su exaltación dedeterminados momentos históricos, sumidos en ocasiones en el pozo de lossiglos-, son un buen ejemplo de ello; de las profundidades atávicas los extraeny les quitan esa pátina de interrogantes, que sólo el tiempo forma, para darlesapariencia de algo extraño, inexistente en su tiempo, que nada tiene que vercon lo que realmente sucedió. No les interesa, lo importante es hacer creíbleesa tesis que previamente plantearon de acuerdo a sus necesidades e intereses.Se trata de demostrar que eran nación desde siempre, con una identidad propia,aunque sólo fueran una pacífica provincia del imperio romano o un trozo del reinovisigodo. Pasa igual con cualquier “ismo”, y no hablo de los movimientosartísticos de principios del siglo XX, sino de las ideologías que subyacen endemasiados historiadores, los cuales, falseando determinados acontecimientos,inclinan la balanza hacia un lado con el fin de reconstruir su historia, la queellos inventan, creen percibir o han idealizado, no la que sucedió en realidad.Desde el conservadurismo al comunismo, pasando por liberalismo o socialismo,muchos cronistas tratan de crear una historia que es deudora de su mentalidad ydoctrina, de su forma de ver y explicar el mundo. El periodismo español actual(parece que en España el tiempo no avanza cuando se trata de la búsqueda de laverdad), al igual que el decimonónico del que es nieto y deudor, siempre alservicio de unas personalidades e intereses, es un ejemplo magistral de estoque estoy diciendo. Quien debe saber de eso es el juez Garzón, aclamado antespor los que ahora lo vilipendian, igual que antes lo criticaron los mismos queahora lo tienen por héroe. Todo depende de lo que se investigue y juzgue,  sea el Gal o la trama Gürtel. Otros defectosque pueden achacarse a la obra histórica es que nacen siendo ya feudatarias dela mítica y de la épica. Se trata de crear modelos de comportamiento en el queal mirarnos nos podamos ver reflejados y que nos ayuden a forjarnos comohombres y como pueblo. ¿Qué habría sido de la conciencia de España como naciónsin la heroica figura de El Cid?; a la que, por cierto, se le suprimeintencionadamente su condición de mercenario que luchaba para el mejor postor.¿Qué habría sido del varonil carácter del español sin las femeninas lágrimas deBoabdil y la demoledora sentencia de Fátima, su madre.

 

Igualsucede con la obras de arte que genéricamente se llaman históricas. Así,existen una pintura y una escultura históricas, como también se conservan o levantanedificios que tienen como única finalidad la exaltación de un acontecimientocapital para un pueblo o nación. La historia del arte está repleta de estosejemplos y argumentos. Cada país posee una gran cantidad de ellos, que además sonexpuestos ostensiblemente en los más diversos museos con el solo objetivo demostrar al mundo aquellos acontecimientos, pueden ser inexactos o inventados,que le han hecho crecer y forjarse como pueblo. Este campo abarca no sólo lasartes, también la literatura está al servicio de esta mentalidad, de esta formade entender la historia. El caso ya mencionado de El Cid nace de los deliriosde un escritor, no de los acontecimientos reales que vivió Rodrigo Díaz deVivar, y es en este delirio en el que nos miramos como un exacto modelo aimitar. Sucede igual con los Reyes Católicos y su unión de España, así seescribió y se nos enseñó lo que sólo fue una interesada y casual unióndinástica. Lo que vino después fue solamente fruto del azar, si el hijo quetuvo Germana de Foix con el viudo Fernando el Católico hubiese vivido, jamáshubiera surgido la Españaque hoy conocemos. Sucede también con demasiados personajes que pretendiendopasar a la posteridad han llevado a su lado al artista y al escritor. Ambos seconvertirán en hagiógrafos de sus virtudes. De ahí la importancia del mito y laépica antes mencionados. Tanta importancia ha tenido este tipo de obras que hasurgido con el tiempo una abundante bibliografía que las estudia y clasifica.Recuerdo, como ejemplo de lo que he referido antes, la película “Sin perdón” de Clint Eastwood, en la que un magnífico Richard Harris en su papel de English Bob, se haceacompañar de un biógrafo que dé cuenta de sus hazañas en el peligroso oeste. Ycómo no mencionar a la historia-ficción, que saboteando la memoria viva y losdocumentos escritos tratan de reescribir el pasado creando sólo perversasnovelitas con el único fin de satisfacer las demandas de los más fanáticos.

 

El cuadro que aquí nosocupa y por el que surgen todas estas reflexiones es  “EL Juramento de las Cortes de Cádiz de 1810”, de José Casado delAlisal (1862), que copreside el hemiciclo del Congreso de los Diputados. Elenorme óleo de 3,13 x 3,79 metros secentra en un momento capital de nuestra historia: el nacimiento deparlamentarismo moderno en España y, consiguientemente, de la democracia.Maravilloso. Está muy bien exaltar esos acontecimientos que engrandecen y dansignificado a una vida o a un pueblo. En este caso fueron muchos. No importaque estos intentos de buscar la libertad en forma de decretos y de artículos,casi hubo uno por día, no prosperaran. Fue y sigue siendo un tiempo único quesirvió de ejemplo al mundo por los principios que allí se defendieron. Es unmomento ejemplarizante para un país, pero un episodio de los de verdad, quepoco tiene que ver con los múltiples pelayos y sus covadongas tan abundantes ennuestra geografía, fruto casi siempre de la necesidad de mitos en los quecontemplarnos. Y es que allí, en la entonces llamada Isla de León, y después enCádiz, nace una nueva mentalidad, caracterizada por la búsqueda de la igualdadentre los hombres y por el alumbramiento de una España basada en lahomogeneización de sus territorios con idénticas leyes para todos. Aquí cobrasentido por primera vez la palabra España. Sin embargo, a poco que nos fijemosen la escena representada, vemos que poco tiene que ver con lo que acabo deafirmar.  ¿Dónde está ese espíriturompedor y avanzado? En el cuadro parece que no existe. La presencia de laiglesia, que representa al rey y a la gracia divina como dispensadora detítulos y ordenadora del cosmos y sus leyes, ilumina el cuadro. Los dorados queresplandecen no dejan dudas sobre quien ostenta el poder, pues el personajecivil que está de pie al lado del cardenal D. Luis de Borbón, que preside lamisa del Espíritu Santo (tenía que iluminar a los diputados allí presentes ensus deliberaciones) participa de este mismo halo y de igual sensibilidad. Dichopersonaje es el secretario del despacho de Gracia y Justicia, D. Nicolás MaríaSierra, que tomó juramento a los diputados, pero a esto queda reducido supapel, a esto se reduce el poder civil en el lienzo. La fórmula elegida secentra en su condición de patriotas y en la de defensores de los derechosdinásticos de Fernando VII. Y sin embargo, sólo unas horas más tarde,  las Cortes que se acaban de inaugurar  entre inciensos y tedeums se declararánsoberanas, acabando de un plumazo con el poder absoluto de los Borbones, a losque no se les concede ni la capacidad de abdicar. Entienden que tras el motín deAranjuez,  el rey legítimo es FernandoVII. Al no subscribir su abdicación en Bayona acallan la real irresolución y suvillanía, su sediciosa actuación. Lo que sucede después no estaba previsto, ymucho menos por la Regencia,representante del muy amado rey. Será en el teatro de la ciudad, habilitadopara la ocasión como hemiciclo, donde se celebren las sesiones. Aún sigue enpie, y es uno de esos edificios denominados históricos, como he mencionadoantes.

 

Otraforma de presentarse y estar es la de los diputados a Cortes, visten con trajesde calle, propios de la época, y sus actitudes se alejan del hieratismo ymagnificencia que envuelve a los representantes eclesiásticos. Entre ellos haybastantes religiosos,  pero supensamiento nada tiene que ver con el de la jerarquía. Todos están situadosunos escalones más abajo, creándose así una tierra de nadie que separa al llamadoTercer Estado de la realeza y sus símbolos. Entre ambos cuelga lo que pareceser una lámpara dorada, que a modo de incensario trata de crear un espaciosacro que separa a ambos grupos. La Regencia, presidida por el obispo de Orense D. Pedro deQuevedo y Quintana, queda envuelta en las sombras que proyecta el dosel situadoa la derecha del cuadro, nuevamente parece que el poder político querepresentan en esta historia es poco significativo para lo que está ocurriendo,probablemente porque en momentos de inestabilidad política y revolucionariacomo la que se está viviendo, la autoridad civil carece de poder real. Eltiempo, que es maestro en dar lecciones, nos retrotrae  a la caída del Imperio romano, entonces laúnica institución que sobrevivió y dio sentido al nuevo tiempo fue la Iglesia. En medio deuna descomposición generalizada fue ella la que garantizó la unidad ideológicade sus territorios y se presentó como continuadora de algo que ya había dejadode existir. En realidad estaba organizando nuevos estados de acuerdo a suvisión del mundo e intereses. Casi siempre sucede así. Sorprenden las manoslevantadas de los diputados. Supuestamente lo hacen en señal de afirmación, asíse nos ha dicho y explicado, pero no todos lo hacen al mismo tiempo. Si fueseuna votación nominal, sólo uno debería levantarla. Después se acercarán de dosen dos a jurar sobre la Biblia. Pese a las dudas que surgen, los gestos sóloconsiguen acallar lo que por dentro deben sentir. Imagino que pese a susilencio muchos de aquellos representantes de la recién nacida nación españolaestarían en desacuerdo con un comportamiento real tan denigrante, con laspalabras elegidas para el juramento, tan sumisas al rey y a una situación tandetestable. Es cierto que el rey abdicó bajo coacciones y mentiras y que bajoellas todo acto queda inutilizado, pero también lo es que la Inquisición solíasacar información y juramentos bajo inhumanas torturas y, pese a ello, lasdeclaraciones de los acusados eran dadas por buenas. Imagino también como pesea albergar tantos deseos de cambio en el interior de sus almas, casi todosestarían perdidos. Sólo unos pocos, los más apegados ideológicamente a lamonarquía tradicional y a lo que representaba, estarían seguros de sussentimientos y de los objetivos por los que luchaban: expulsar a los francesesy restituir en el trono a Fernando VII. Incertidumbre debe ser lo que sentía elresto; no sólo personal, también histórica, ni siquiera saben cuál es lanormativa de la práctica parlamentaria, los idealizados caminos que imaginabanpara llegar a la libertad, pues la dinámica de funcionamiento de las viejasCortes medievales y estamentales estaba ya olvidada. Ello no evitó el que estoshombres fueran capaces de derribar los muros entre los que se parapetaba unviejo sistema basado en la inoperancia para gobernar sus vidas y en lasubyugación de muchos en beneficio de unos pocos, pues las Cortes, convocadaspara sumar ideas y esfuerzos con los que derrotar al invasor, se convirtieronen un ariete de libertad, que incomprensivamente estaba formado por las ideasdel invasor, y fueron estas mismas las que acabaron derribando el Antiguo Régimen.Tremenda contradicción, y sin embargo esta es nuestra historia, esta es la manoque ha escrito muchas de nuestras más gloriosas páginas como pueblo. Cuántasesperanzas reconcentradas.

 

Sorprendetambién el nulo papel de la mujer en las Cortes, incluso se le prohibió asistira las sesiones. Se cambió la forma de entender la vida, la propiedad, seaprobaron derechos individuales de las personas, incluso se atrevieron con latodopoderosa Inquisición, pero los señores diputados no se dieron cuenta de quela mujer representaba a la mitad de la población y de que estaba cargada derazones e ideas tendentes, sobre todo, a hacer un mundo mejor. Ellos, por elcontrario, las ignoraron, con una visión medieval las trataron como a seresinferiores, dedicadas por obligación al cuidado del hogar y a tener hijos. Enalgunos casos las vieron sólo como una cosa bonita que servía para decorar susgrandes casas burguesas. Ignoraron lo que vendría unos ciento cincuenta añosdespués. Pero aunque la historia oficial las haya relegado al olvido, uno nopuede dejar de preguntarse por su implicación real, esa que ignoran losdocumentos oficiales y la prensa. Sabemos que su actuación fue decisiva en la Isla de León, su trabajoesforzado en la retaguardia fue básico en los dos años y medio que duró elasedio. En cambio, nada se dice de su papel en las Cortes –apoyo, rechazo oindiferencia-, y pese a todo uno no puede dejar de imaginar a las esposas deestos diputados, muchas de ellas los acompañaron durante el tiempo que duraronlas sesiones, preguntando y opinando mientras comían en familia y aconsejandodesde la prudencia y ese espíritu libre y aventurero que siempre albergan en suinterior. Otra cosa es que tuvieran conciencia de su valía, aunque seguro quemuchas de ellas compartían las ideas ilustradas de su tiempo y de sus maridos,y seguro que pensaban que su oportunidad no tardaría en llegar.

 

Recuerdouna vez que asistí a una visita a la Iglesia Mayor de San Fernando. Fue en ella donde el24 de septiembre de 1810 se celebró el Juramentode las Cortes de la Islade León (pongo el nombre en cursiva para hacer justicia con lo querealmente sucedió, puesto que fue en esta ciudad donde se iniciaron lasfamosísimas Cortes y por tanto donde sucede el acontecimiento históricopintado). En la sacristía de la misma hay una copia del cuadro que estoycomentando. Un señor, estudioso y conocedor del templo,  trató de identificar en el mismo alguno delos más insignes diputados que asistieron a las Cortes. Este es el DivinoArgüelles (lo de divino se lo pusieron sus contemporáneos por sus conocimientosy su brillante oratoria), este el conde de Toreno y aquel otro el sacerdoteliberal Diego Muñoz-Torrero…  Me perdí.Palabras que poco me dicen. Lo importante no son unos rostros, sus nombres, suscargos, sino lo que el conjunto de ellos llevó a cabo. Es probable que Casadodel Alisal, al igual que hizo con la Iglesia Mayor de San Fernando, que debió pintar apartir de un boceto que le enviaron –él residía en París, en donde tenía sutaller y no consta que visitara San Fernando-, se debió basar en algunosretratos o recortes de prensa guardados en las primeras hemerotecas, puesto queel cuadro se pinta casi cincuenta años después de los hechos que se describen ylos protagonistas estaban muertos. Puede ser, por tanto, que algunos retratossean ciertos, pero otros muchos sólo pueden ser inventados, m y poses teatralesque nada tienen que ver con los personajes que representan. Salvo sus nombres,casi nada se sabe de la mayoría de estos diputados. Sólo una minoría escribiósus memorias, del resto sólo se conoce por la prensa y los diarios de lassesiones. Desaparecieron una vez que terminaron las Cortes. Lo importante, másque la veracidad de sus rostros, es el indomable espíritu que albergaban en suinterior, la visión adelantada de otro mundo que sólo pudo ser posible muchosaños después. Tampoco eso está representado. Cuánta impostura.

 

Laobra de Alisal fue desde el primer momento muy controvertida. Ya en su momento,tanto este cuadro como otro titulado “La Capitulación de Bailén” (1864, en el Museo del Prado), en el que rindehomenaje a Velázquez en “Las lanzas”, fueron acusados de poco patriotas ysufrieron el rechazo de un sector del público. El lienzo dedicado a labatalla de Bailén, pese a obtener la primera medalla de la Exposición de 1864, fuecuestionado por cómo presentaba a los franceses -destaca su empaque yaltanería, lo bien uniformados que están todos- frente al aspecto un tantodesaliñado de los españoles. En él, más que ser fiel a la historia, trata derecrear el espíritu de la batalla y su significado; por eso el pintor coloca enel lienzo a personajes que no estuvieron presentes en el acto reflejado, aunquesí participaron en el campo de batalla (el general Reding, auténtico artíficede la victoria,  y el mariscal Coupigny)o que fallecieron en la misma (el general francés Jacobo Gobert). El pintor secentra deliberadamente en vencedores y vencidos, y lo que se ha consideradocomo falta de patriotismo sea tal vez una exaltación del coraje y sacrificiocolectivos como merecedores de una victoria frente a la prepotencia deltodopoderoso e invencible ejército francés. El cuadro, pese a la época en quese pintó,  es una obra carente de todaesa escenografía melodramática tan del gusto de la estética románticaimperante, el mismo Casado del Alisal caerá en ella en otras ocasiones, como en“La campana de Huesca”, basada en el drama romántico de García Gutiérrez, eneste cuadro nos presenta una truculenta historia con un suelo sembrado decabezas cortadas y manchas de sangre. Respecto al cuadro mal llamado “Juramentode las Cortes de Cádiz”, fue criticado por centrarse en el aspecto más formal yrefulgente de un día que tuvo muchos más momentos igualmente importantes,probablemente con muchos menos oropeles, pero también con mucha más trascendenciahistórica. Lo que se atisba en el lienzo es el sometimiento  de las ideas liberales, que acabarántriunfando, a las más rancias y conservadoras; y también la ocultación delpoder civil independiente y solidario, que está naciendo, al absolutista einsolidario que representaba la monarquía de entonces, arropada por la Iglesia.

 

JoséCasado del Alisal nace en Villada (Palencia) en 1832 y muere en Madrid en 1886.Discípulo de Federico de Madrazo, estará pensionado en Roma y París, en dondeacabará instalando su taller. Es considerado el exponente máximo de la pinturahistoricista española del siglo XIX, tan en boga en ese tiempo. Una tendenciaque no es nueva ni española, aunque será en este siglo cuando se llenen lasparedes con grandes lienzos que tienen como denominador común el trasfondohistórico, aunque artísticamente presenten una desigual calidad. Los temashistóricos están presentes en la pintura desde siempre, ya los muros de laspirámides de Egipto abundan en el tema. De otras épocas de la Antigüedad, griegay  romana, se han perdido, no siempre elpasado puede quedar protegido por la grandiosidad de unas construcciones casiinexpugnables. La Edad Media estuvo centrada especialmente en la Religión, aunque hayrestos de otros temas que nos exponen las formas de vida de este tiempo, comoes el caso de los libros de oraciones Por eso puede considerarse  que vive un primer momento de esplendor en el Renacimiento. Rafael, Leonardo y  Mantegna bucearán en la historia buscandotemas para sus lienzos, aunque a mí, particularmente, me sigue admirando lagrandiosidad de “La batalla de San Romano” de Paolo Ucello, que pintará para elpalacio de los Médicis.  Antes del sigloXIX, en España pintan cuadros de temática histórica Velázquez y Goya; elprimero, su obra, ya mencionada, “Las lanzas”, y Goya dos lienzos que incidenen la recién acabada Guerra de la Independencia, son “La carga de los mamelucos” y“Los fusilamientos del tres de mayo”. Nuevamente la pintura adquiere el valorde testimonio del pasado, pero especialmente en el pintor aragonés, tan alejadoen estas obras de la pose imperio quecaracteriza a Jacques-Louis David, el pintor neoclásico francés, coetáneo deGoya y un maestro del género, que marcó toda una época. Goya nos muestra laheroicidad del personaje anónimo, el valor del sacrificio y la resistenciafrente al poder de las armas. Un alegato contra la perversión de la guerra esla serie de grabados “Los desastres de la guerra” del pintor aragonés.

ConGoya entramos en el siglo XIX, tan pródigo en pintores. Es el gran momento dela pintura histórica en España. Triunfará en Exposiciones y Salones. Cabe destacarde esta amplia nómina decimonónica a Vicente López, José Madrazo, EduardoRosales, Mariano Fortuny… pero como todo lo que huele a moda, esta corrientequedó olvidada. El siglo XX y sus movimientos pictóricos la arrinconaráncolocándole la etiqueta de falta de autenticidad. Muchas acabarán en lossótanos de los grandes museos. Probablemente sea ahora el momento derescatarlas y volverlas a exponer dado el valor pictórico e histórico quetienen.

 

Acausa de la peste amarilla, que  seensañaba con la Islade León como antes lo había hecho en Cádiz, y del crecimiento desmesurado de lapoblación con la consiguiente falta de viviendas para los señores diputados yotros ilustres personajes, las Cortes se trasladarán a la capital gaditana. Sepensó que las instituciones aquí instaladas estarían más seguras del ataquefrancés dentro del recinto amurallado tras el que Cádiz se parapetaba. No se tuvoen cuenta que la Islafue la auténtica fortaleza que la salvó de la invasión: sin la voladura del ojocentral del puente Zuazo y la acción de la guardia salinera los resultadosmilitares hubiesen sido probablemente otros. El veinte de febrero de mil ochocientosonce se celebrará la última sesión. Sólo por estas circunstancias la Constitución seaprobará en Cádiz. De allí tomará el nombre. Esto no resta méritos a la Isla de León, capaz de defenderla dignidad de nuestro país ante el asedio del francés invasor, de resistir susbombas y de revolucionar mientras tanto España para llevarla a un nuevo tiempo.Fueron sólo unos meses, pero en ellos la Real Isla de León sería la auténticacapital de España, puesto que aquí residía el gobierno legítimo del país encarnadopor la Regenciay aquí dieron sus primeros pasos las Cortes, auténticas representantes de lanación española.

 

LasCortes volverán a la Islade León. La peste amarilla se ceba nuevamente en Cádiz y los diputados tienenque salir de allí. Se reunirán en otro lugar, en la iglesia del Carmen. Eldueño de Teatro Cómico, como era conocido el actual teatro de Las Cortes, senegó a dejar el mismo por las importantes cantidades que todavía le adeudaban.Se habilitará entonces la iglesia del Carmen para que sigan las sesiones. En sesióncelebrada el día 27 de noviembre de 1813 deciden cambiar el nombre de laciudad, es la única vez que sucede en nuestra historia. El acuerdo fue elsiguiente:

DonFernando VII, por la gracia de Dios y por la Constitución de la monarquíaEspañola, Rey de las Españas y en su ausencia y cautividad la Regencia del Reino,nombrada por las Cortes generales y extraordinarias, a todos los que lapresente vieren y entendieren, saber: Que las Cortes han decretado lo quesigue: “Las Cortes, teniendo consideración a los distinguidos servicios yrecomendables circunstancias de la villa de la Real Isla de León, y aque en ella se instalaron las Cortes generales y extraordinarias, han venido aconcederle el título de ciudad, con la denominación de San Fernando. Lo quetendrá entendido la Regenciadel Reino para su cumplimiento, y lo hará imprimir, publicar y circular”.

Dadoen San Fernando, a 27 de noviembre de 1813. Francisco Tacón, Presidente. MiguelAntonio de Zumalacárregui, Diputado Secretario. Pedro Alcántara de Acosta,Diputado Secretario. A la Regencia del Reino.

 

Lo demás es sobradamente conocido por las repercusiones que tuvo. La primeramedida de calado que tomará Fernando VII a su vuelta será abolir la Constitución de 1812y toda la obra legislativa de las Cortes tanto en su etapa en la Isla de León como en la deCádiz.

 

Califiquéantes el cuadro de Casado de Alisal como de impostura, y lo es no sólo por lapresencia de unos símbolos que quedarían caducos muy poco tiempo después, tambiénpor el inmovilismo que proyecta en unos tiempos de cambio y porque no reflejaese sentimiento de rebeldía que debía latir en el pecho de muchos de lospresentes, de lo contrario no hubiera sido posible la revolución que estaba apunto de acontecer. Y sin embargo, todo esto no resta méritos para presidir lascortes españolas, porque lo importante no es la escena en sí, sino el espírituque hay detrás, la defensa de la libertad que representa. Es posible que laceremonia que retrata Casado del Alisal sucediera tal y como él lo refleja,pero es que eso no es lo importante en la historia que ahora se inicia. Lo quedescribe el cuadro es sólo el aperitivo de un gran festín. Lo que dasignificación al acto comenzará después con la gran cantidad de decretos que sesuceden y que transformarán España desde los más nobles ideales. Son lasoberanía nacional, la división de poderes, la inviolabilidad de los diputados,la igualdad jurídica y de derechos entre los españoles de las dos orillas:peninsulares e iberoamericanos y, sobre todo, el reconocimiento de la necesidadde elaborar una Constitución que reconozca dentro de un marco jurídico todosesos logros políticos y sociales. Será también en San Fernando donde se nombreuna Comisión que estudie y elabore la Carta Magna. Casado del Alisal se podría haberfijado en otro momento a la hora de pintar su cuadro, reflejar el inconformismolatente, pero las personas nos dejamos seducir demasiadas veces por los destellosdorados del poder. Y el acto pintado tuvo mucho de ambos. Si lo comparamos conel otro cuadro que preside el hemiciclo: "Promulgación de la Constitución de 1812", de Salvador Viniegra, vemos que hay muchos aspectos que cambian. La escena se desarrolla enla plaza de San Felipe, un espacio público y cívico, cerca del Oratorio delmismo nombre donde se habían desarrollado las sesiones. Frente al poderreligioso se yergue el poder civil, frente al silencio el entusiasmo sedesborda. Los vítores de los diputados casi se oyen, son el espíritu de unanueva mentalidad y realidad que ahora sí está representada.

 

Releoeste artículo antes de enviarlo para su publicación. Remiro el cuadro deAlisal. Todo lo que he escrito me parece correcto. Justo. El cuadro me siguepareciendo una impostura, una traición al espíritu que mayoritariamente debióde alentar a los hombres que en 1810 se reunieron en la entonces Real Villa de la Isla de León para echar aandar unas Cortes que acabarían derribando trasnochadas mentalidades y abriendolas puertas a un nuevo tiempo, caracterizado por la búsqueda de la libertad. Y sin embargo, pese al fraude histórico que supone, uno no puede dejar depercibir en él un cierto halo de esperanza e ilusión. Parece que lo que estápor venir late en la atmósfera del cuadro, en el rostro de los diputados, enlos colores que los alientan. No es lo que se ve, no, es lo que falta, lo queestá por venir, que se apodera de nuestras miradas para llevarnos a un pasadoque cambió la historia de España, para introducirnos de lleno en la modernidady, desde ella, abrirnos las puertas de nuestra Edad Contemporánea.

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

García León, José María: Las Cortes de la Isla de León.Quórum. 2009

Gómez-Moreno, Mª Elena: SUMMA ARTIS. Volumen 35.  Capítulo IX: “La pintura de Historia”(páginas 315-347). Espasa Calpe.

Preckler, Ana María: Historia del arte universal de lossiglos XIX y XX, volumen 1 (páginas 258-260). Editorial Complutense. 2003

Torrejón Chaves, Juan: Las Cortes Generales yExtraordinarias de la isla de León 24 de septiembre de 1810-20 de febrero de1811. Edita: Excelentísimo Ayuntamiento de San Fernando. 1999

http://www.fuesp.com/revistas/pag/cai0448.html

http://villada.dip-palencia.es/pub/documentos/documentos_documentos_JOSE_CASADO_DEL_ALISAL_cda5c87f_4a537241.pdf

 

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Por si te interesa saber algo más sobre mi obra: CORO ANGELICAL (libro de POESÍA INFANTIL)

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