Lunes, 05 de noviembre de 2012
Publicado por PoetaRamon @ 16:45  | Articulos Literarios
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Crítica literaria:

“CARDITO DE PUCHERO”

de Juan Rincón.


Ramón Luque Sánchez



Juan apareció como por arte de magia en la puerta del gótico teatro para darnos la bienvenida. Posteriormente comprobé que era inevitable, estaba en todas partes, revoloteando aquí y allá. Los nervios. Era lógico, estaba a punto de estrenarse su “Cardito de puchero”, un libro de relatos que Paco Crespo ha adaptado al teatro y dirigido.


Me sorprendió la sobriedad del escenario: un conjunto de sillas a la izquierda y una especie de atril a la derecha que haría las veces de mesa de la maestra. Cuando el grupo de hombres y mujeres, ya de avanzada edad, entró en escena poco podía imaginar la cantidad de risas y emociones que me estaban reservadas. También fue para el autor una sorpresa, según me confesó al acabar el estreno. No había querido asistir a los ensayos ni ver el resultado final. La obra estaba estructurada, según explicó Crespo en el escenario, en una serie de sketches extraídos de las historias de Juan Rincón, de ese “Cardito de puchero” que tantas satisfacciones le está dando.


El primero, titulado “El cumpleaños” fue delirante. Me vi reflejado a mí mismo dentro de una clase con un grupo de alumnos tratando de sorprenderme con el típico regalo de fin de curso. Al final, como la maestra de la obra, me iba cargado de bombones, o de plumas estilográficas. De todo ha habido. Genial.


El segundo, “La visita”, reflejaba con gracia e inteligencia la visita de un Consejero de nuestra Junta a un centro de adultos. Resultó una parodia de proyectos incumplidos, de verborrea política, y también, cómo no, de la inteligencia natural del pueblo. A él nunca se le engaña.


Con “La O y la A” el público interrumpió la escena para aplaudir repetidamente. Maravillosa la caracterización de la maestra. Comprobé lo que nos ha pasado a tantos docentes demasiadas veces: cuando se acaban los recursos pedagógicos sólo nos queda gritar. La paciencia tiene un límite y el profesorado puede sentar cátedra cuando se habla del tema.


En “Lectura” se refleja esa íntima satisfacción que produce el aprender a leer, el gozo que origina el descubrimiento del mundo que late mudo detrás de ese montón de palabras que forman los libros. Alegría con mayúsculas como la de los niños pequeños. Enternecedor.


Me emocionó “Manuela”. Algo dentro de mí tembló mientras aquella mujer -le daba un aire a María Galiana- desarrolló su largo monólogo. Me retrotrajo a mi infancia, a aquellas historias que oía en casa y que hoy parecen estar extraídas más de la fantasía que de la realidad. Manuela empezó contando su historia, el porqué de ir a esa escuela que la hace tan feliz. De ella saltó a sus compañeras, las experiencias de una generación rota por la guerra y la miseria de una posguerra que a ellas no consiguió arrebatarles la esperanza en un mañana mejor.


Todo acabó con “Historias”. El director del centro les pregunta a hombres y mujeres por qué van a la escuela. Las razones que esgrimen con soltura se transforman en ilusiones que brotan a flor de piel mientras abren un alma siempre cándida y buena. No puedo dejar de mencionar el testimonio de la chica que fue a Madrid no a ver cine y teatro, no, fue a servir. Su llanto sobre el escenario embargó a la concurrencia. Gracias a ella, a todos ellos, pudimos acudir a ese concierto del dúo Dinámico que tanto le ilusionó.
A la salida me despedí de Juan Rincón. Estaba feliz. Yo también. Poco que añadir, sólo mi enhorabuena por cómo ha sabido adentrarse en el espíritu de unos hombres y mujeres joviales y vitales que acuden a la escuela para demostrarnos que la capacidad de soñar no la destruyen las guerras ni las carencias económicas, tampoco la edad. De verdad, Juan, de verdad, enhorabuena.

 


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